Tears in heaven
Aquellas montañas se les antojaban extrañas ese atardecer, no fue un pensamiento espontáneo pero simplemente comenzaron a darles la espalda montados en aquella ochentera bicicleta que rejuvenecía con cada beso que ambos se regalaban. Se acercaban a un azul inmenso, alarmante, sospechosamente intenso. Fue entonces cuando ella, tal y como presagió el maestro " le pidió que la llevara al fin del mundo". Él la miró prometiéndole que inundaría su vida de películas, pero sólo de las que pudieran ver en el cine. Así, exigíéndole tan solo entregarle parte de su vida "puso su nombre a todas las olas del mar". Todas las estaciones, reunidas en ese sol que los vio tan sólo semanas antes compartiendo pequeños plazos de "te quiero" en una misma cama nunca vacía, escucharon atónitas cómo ella reía y suspiraba susurrándole que con él era divertido, sugerente y hasta emocionante simplemente respirar.
